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CLAUDIO SIMIZ
Su Poesía
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Claudio Simiz (1960) es docente e investigador de literatura argentina. 

Ha obtebido premios por su actividad como poeta y narrador en el país y en el exterior.

Ha publicado los poemarios:

Celda (1980)

Evangelio de bolsillo (1981)

Los míos (1986)

La mala palabra (1997)

De pura chapa y otros versos (2000)

Antes que venga ella (Colectivo) (2003).

Su obra:

El otro

Este que ves entrar con mi misma estatura

y apoyarse por un instante en la mesa

donde tantas veces te hizo reír.

Este que busca, como siempre,

sus papeles sin encontrarlos

y hará a la vez tres o cuatro cosas

mientras conversa con los ángeles.

Este, que llamarás por mis nombres

y mis apelativos, tal vez no sea yo.

         Seguramente

no advertirás

el silencio hilvanando las palabras,

la nada agazapada detrás de los anteojos,

el caminar sin huesos

                sin aire

                   sin preguntas,

la aliteración ronca,

la piel que ya no sueña.

 

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Barrilete de cartón

 

A pesar de la lluvia,

del papel color que me olvidé de comprar,

del viento que no presta sus alas

entre cuatro paredes,

mi hijo está remontando

su barrilete de cartón.

Le puso unas figuras naranjas y celestes

y él acompaña sus vaivenes

como un cuzquito fiel y resignado,

entre sillas y libros apilados.

         Y yo

quise decirle que no se puede,

que cuando salga el sol,

que algo puede romperse,

          pero él

me sonríe,

me cuenta con sus ojos

          que vuela

porque el pilín está anudado al cielo.

Y yo pienso que apenas es un niño,

y el pensará que apenas soy un hombre.

 

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La Tierra

 

Y la tierra es así:

uno quiere olvidarla,

                     se estira, 

                           intenta

la aventura del aire.

Pero el aire se parece demasiado

           a los sueños

y uno aterriza

          en cuatro patas

                       de rodillas,

                                 de pie,

la columna estremecida.

Al rato

          sacude la cabeza,

                                     se palpa

          los dolores y los años,

busca un piso más firme 

para el próximo esguince.

           Los pájaros nos miran,

nos sonríe su corazón azul

que sólo caerá una vez.

 

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Los días

 

Detrás de la esperanza,

                         los miedos, 

                              el cansancio

están los días,

el fulgor inquietante

de sus líneas en blanco,

su implacable inocencia.

Los hombres pergeñaron el olvido

             y es tan duro

que inventamos sentido al sufrimiento,

soñamos que los hijos se nos parecen,

marchamos a la muerte,

                         solemnes, 

                                  rasurados.

 

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Cita

 

Tengo una cita con la esperanza.

Tal vez ella se perfume

y se vista para mí.

pero yo me extravío,

me arrebujo en algún callejón

perplejo de palabras.

Y ella deambulará,

Penélope desencantada

por la calle feroz del del desencuentro,

hasta que sea de noche

     y tropecemos

          y pidamos perdón

                y no nos conozcamos.

 

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La esperanza

 

La esperanza no es más

que una mordida,

un tarascón, a veces,

en la manzana de la nada,

y los dientes que van resquebrajándose

         imperceptiblemente.

Pero en algunas tardes

nuestra sed alcanza su corazón sin sangre,

el silencio azorado

de su blancura inhóspita

     y entonces

es la nada quien nos muerde,

nos devora los párpados raídos,

nos sorbe hasta el cansancio de los tuétanos,

nos ahueca los días,

en nuestras propias ruinas

nos funda el corazón.

 

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Vientos

 

Y cuando el viento arrase

con todo,

con las avecillas de los archipiélagos,

con las cúpulas de cordilleras y catedrales

y los abrazos de los amantes

sean polvo inenarrable,

el olvido no podrá cargarse en sus alforjas

los besos que no te di,

las caricias detenidas

a un instante de tu piel,

las horas incontables

que no pasamos juntos.

Hay algo más que silencio estremecido

entre tu corazón y el mío:

la oculta eternidad de lo imposible.

 

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Hoy y aquí

 

Sí, lo sabemos:

la muerte es toda nuestra,

        Amor,

su caricia de madre

nos borrará las horas de ausencia,

los rincones amargos,

la duda y sus insomnios.

     A cambio

nos acerca el ahora,

sus recreos,

los tres sorbos del café,

cierto oro reencontrado en tus pupilas,

el corazón irremediablemente nuestro.

No nos vence la muerte,

         nos convence.

 

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Rosario I

 

Porque hay días que empiezan

y terminan descalzos,

porque la inundación llegó hasta el cielo

y se exilian los pájaros,

porque estás lejos

y no hay manera

de cerrarle los ojos a la nada.

Esta respiración desnuda,

       tanto abismo,

estas palabras que apenas hacen sombra.

 

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Rosariop II

 

Y Rosario discurre

como un cielo sin ángeles

es un atardecer de esquinas enconrvadas,

el Paraná es apenas

agua inmensa y opaca.

         Ignoro 

qué porción de este gris

corresponde a tu ausencia.

     Sólo sé

que si hay pájaros

cantan con otro nombre

y que la muerte ya no es

    tan

      otra

         cosa.

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